Un análisis del fenómeno de los criptobros, que vinculan el éxito financiero con la masculinidad y atraen a jóvenes en un contexto de incertidumbre laboral y emocional.
Viajes a Miami, autos de lujo y la promesa de volverse millonario en días con un curso en redes sociales. Se trata de los Criptobros, referentes financieros que asocian el éxito con tener plata y una billetera abultada con conquistar chicas. En un contexto de precariedad laboral y emocional, muestran una versión moderna de la masculinidad con gurúes que difunden recetas de rápida aplicación y eficacia.
Frente a la incertidumbre de los varones jóvenes, los discursos de derecha encuentran un terreno fértil para transformar la frustración en enojo contra las mujeres y el Estado. El coordinador del Área de Género y Sexualidades de la UNR, Lucho Fabbri, explica cómo operan las nuevas masculinidades y plantea una salida: generar espacios comunitarios para acompañarlos y que puedan expresarse frente a un sistema que explota el malestar.
El éxito financiero se traduce en una señal moderna de masculinidad. En un contexto de cierre de fábricas y pérdida de empleo asalariado, la especulación financiera ofrece la idea de que un hombre puede alcanzar el éxito, y con él, validar su masculinidad. En la actualidad, más que ser productivo se trata de “pegarla” por ser viral e influencer, por hacer una buena apuesta online, o por un fondo de inversión que resultó muy efectivo.
“En este contexto de capitalismo financiero, la validación de la masculinidad pasa por la obtención rápida de dinero, la cual está muy asociada a asumir riesgos. El riesgo es una característica tradicionalmente masculina, aunque quizás en otros momentos se ponía en juego a través de otras prácticas. Hoy, para muchos varones, el riesgo está en la especulación financiera”, explicó Fabbri a El Ciudadano.
El sociólogo y politólogo señaló que, si bien el fenómeno podría pensarse como una respuesta a los feminismos —en cuanto al cuestionamiento de la identidad tradicional masculina–, esa identidad en crisis que tiene diferentes vías de fuga no se considera una reacción antifeminista. “No es que la identidad de los varones en el mundo de la especulación financiera sea en respuesta o en reacción al avance del movimiento feminista, pero es contemporánea en términos de procesos de cambio social. El dinero y la propiedad están masculinizados, y además son un rubro muy asociado a la especulación y al riesgo como características tradicionalmente masculinizadas”, explicó.
Otro de los aspectos de esta identidad es la narrativa que utilizan los criptobros como “estrategia de engagement” para atrapar a los jóvenes en este mundo de especulación financiera. “Hay una retórica vinculada a la idea del hombre de alto valor, que se mediría por el éxito económico. Eso les permitiría a estos hombres tener mejores posiciones en el mercado, ya no financiero, sino en el sexual, porque serían más atractivos y tendrían más posibilidades de conquistar a la mujer que sea objeto de su deseo”, señaló Fabbri.
Para Fabbri, estos gurúes intentan canalizar la sensación de incertidumbre, desorientación, inestabilidad y precariedad que tienen hombres en general y jóvenes en particular en un contexto donde la identidad masculina es cuestionada desde los feminismos –en cuanto está construida a partir de la reproducción de mandatos patriarcales que generan desigualdad y violencia–, pero que se profundiza por una precariedad material real, representada en que la gran mayoría de los hombres jóvenes hoy no tiene acceso a un trabajo o a una vivienda.
“Se criaron escuchando que ser un hombre de verdad era ser proveedor, sostén de familia, independiente, autosuficiente y laboralmente exitoso. Construyeron su subjetividad masculina con base en un discurso que los presentaba como potencialmente dominantes, sujetos jerárquicos, y viven en la precariedad. Ese desfasaje entre cómo fueron subjetivados y sus condiciones reales de existencia genera una incertidumbre que es un padecimiento y un malestar subjetivo”, señaló, y citó un informe de la Organización Internacional de la Juventud (OIJ) que refiere que la juventud se extiende hasta los 40 años, tomando como variable la autonomía.
Fabbri explicó que esta crisis de la identidad masculina genera una sensación de intemperie que se refleja en la llamada “epidemia de la soledad masculina” y en un mayor aislamiento en la vida analógica, que a diferencia de las mujeres jóvenes –que también padecen precariedad subjetiva– son parte de un movimiento histórico donde tienen interlocutoras, espacios de encuentro y de elaboración de sus malestares, junto con políticas públicas para tratar algunas de las problemáticas.
Ante esta crisis de masculinidad, los discursos de derecha permean en los hombres jóvenes y encuentran un blanco: el lobby feminista y LGTBIQ+, las políticas para migrantes y la ideología woke. “Hay una narrativa por parte de las nuevas derechas que les habla al malestar de los hombres, pero que les ofrece un chivo expiatorio –que no es el verdadero responsable de sus malestares– y una salida que es una estafa: hacerles creer que, apoyando ese tipo de proyectos, resolverán su situación”, concluyó Fabbri.
