Bailes en espacios públicos de Rosario: cumbia, milonga y ritmos que toman la ciudad

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En las tardes cálidas de Rosario, cuando el sol empieza a caer, hay una escena que se repite: grupos de personas bailando frente al río Paraná, parejas tomadas de la mano que giran mientras sus piernas se entrelazan al ritmo de la música. Desde afuera, quien pasa puede detenerse unos segundos a mirar, dejarse llevar llevar por la curiosidad e incluso animarse a dar unos pasos y sumarse al baile.

En los últimos años, estos encuentros se volvieron cada vez más frecuentes en distintos puntos de la ciudad. Rosario ofrece una variedad de espacios donde vecinos y vecinas se reúnen no solo para aprender a bailar, sino también para encontrarse con otros a partir de la danza. Durante el verano, y mientras el clima lo permite, muchas de estas propuestas se trasladan al aire libre: la costanera frente al Paraná, plazas barriales y explanadas culturales se convierten en escenarios donde la música convoca y el movimiento une.

Así, entre clases gratuitas o a cambio de una pequeña contribución, en la ciudad se despliega un mapa de espacios de baile que abarca desde ritmos tradicionales como la cumbia, el tango o la milonga, a expresiones más novedosas como el K-pop. Entre ellos, la tradicional Casa del Tango, la pista Victoria Colosio, junto a iniciativas en patios culturales y centros como el Cultural Roberto Fontanarrosa, forman parte de una oferta amplia para quienes buscan moverse al ritmo de la música y, al mismo tiempo, integrarse a una comunidad.

A continuación, un recorrido por algunos de estos espacios y las voces de quienes los hacen posibles.

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«Cruzados por la cumbia»: aprender desde cero y hacer comunidad

“Cruzados por la cumbia” es un espacio donde se aprende a bailar cumbia cruzada, que funciona los lunes y miércoles al aire libre y los martes y jueves en un espacio cerrado.

La propuesta nació a partir de un grupo de amigos que se juntaba a bailar, y que con el tiempo se transformó en un proyecto que ya lleva ocho años en la ciudad. “Decidimos mudarnos a un club, que es donde estamos hoy, con un espacio mucho más grande y una pista mucho mejor para bailar”, recordaron Federico Alfonso y Natalia Olivera, quienes organizan el espacio.

Las clases son de cumbia cruzada, un estilo de baile en pareja que viene creciendo en popularidad y que está especialmente pensado para principiantes. “Está orientado a personas que tal vez nunca bailaron o que siempre tuvieron ganas de aprender pero no sabían por dónde empezar”, explicaron.

Durante el verano, los encuentros se realizan al aire libre en el Patio de la Madera los lunes y miércoles, a las 21, mientras que también hay clases en el Club Fortín (San Nicolás 1990) los martes y jueves, en el mismo horario. A partir de abril, toda la actividad se traslada al Club Fortín, con clases los martes, miércoles y jueves.

Las clases tienen un costo mínimo ya que, según señalaron, «la idea es que cualquier persona que tenga ganas pueda aprender”. En esa misma línea, el espacio está abierto a todos, sin necesidad de experiencia previa. “Muchas veces la gente llega diciendo que nunca bailó o que le da vergüenza, y la idea es acompañarlos desde cero”, detallaron Nati y Fede.

A fin de año, además de las clases semanales, el espacio organiza una muestra donde los alumnos presentan lo aprendido, así como encuentros con otras academias. “Es un momento muy lindo porque se comparte con familia, amigos y con toda la gente que acompaña el taller”, agregaron.

Más allá del aprendizaje técnico, como en muchas de estas propuestas, el diferencial aparece en lo que se construye en el grupo. “Se genera un ambiente muy lindo, donde todos están en la misma situación y se ayudan entre sí. Muchas personas llegan por el baile, pero se terminan quedando también por el ambiente y por el grupo que se forma. Se vuelve un espacio de encuentro, de disfrute y de desconexión de la rutina«, compartieron los docentes.

La Casa del Tango: clases gratuitas y milongas abiertas

La Casa del Tango es otro de los espacios que ofrece una serie de clases gratuitas y actividades abiertas que buscan acercar el 2×4 a toda la comunidad. Dentro de la grilla semanal, Viveka Alejandra Cáceres está a cargo de las clases de “Mis primeros pasos”, orientadas a principiantes. Se dictan los lunes, a las 19 y a las 20.30, con inscripción previa. Actualmente, los cupos están completos y existe lista de espera, ya que, según explicó, la idea es “tener un contacto personalizado con el alumnado”.

Por su parte, los miércoles el docente Guillermo Ruiz brinda clases para niveles principiantes, intermedios y avanzados en tres turnos (a las 19, 20 y 21). Al igual que las clases de los lunes, también requieren inscripción previa y cuentan con cupos completos. Ese mismo día, pero desde las 14 hasta las 18, la Casa del Tango abre sus puertas de con un espacio libre y gratuito para quienes quieran practicar o solicitar el uso de la pista.

La propuesta se completa con los seminarios de Cecilia Morini, los viernes y sábados que abordan el trabajo corporal desde herramientas de la danza clásica, con foco en el sostén, el eje y la movilidad.

“Es importante encontrarse con otros. Estamos en una época muy individualista y hacer estas actividades sociales es súper necesario para compartir. Bailar hace bien, desde lo físico y lo psicológico. Y bailar tango es más saludable porque nos da un abrazo. Es un buen rato, y cuando vas a la milonga estás cinco horas bailando y cinco horas abrazado”, reflexionó Viveka.

Más allá de las clases, una vez al mes se realiza una milonga gratuita, o en palabras de Viveka, “el boliche tanguero” con DJ en vivo, de 21 a la medianoche. Estas fechas se coordinan mes a mes. En marzo, el encuentro está previsto para el viernes 27 de marzo.

Por otro lado, en el mes de mayo se organiza el Encuentro Metropolitano del Tango. Este año serán tres días de milongas en los que se contratan orquestas para distintos espacios. “Tratamos de invitar a todos los organizadores que hacen milongas, ofreciéndoles una orquesta en vivo sin que tengan que costearlo”, explicó Viveka.

En cuanto al cierre del año, contó que no siempre se realiza una muestra formal, aunque en ocasiones, para el Día Nacional del Tango (el 11 de diciembre), se organiza una actividad especial: una milonga acompañada por representaciones escenificadas de los distintos talleres de La Casa del tango, tanto de música como de danza.

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«La Milonguera»: baile y encuentro de amigos frente al río

Frente al río, en la pista Victoria Colosio, los miércoles durante los meses cálidos funciona “La Milonguera”. Allí, Verónica Ledesma coordina clases abiertas y a la gorra que convocan a personas de todas las edades, sin requisitos previos.

El espacio funciona entre septiembre y marzo, dependiendo del clima. “A las 20 nos ponemos en la pista a esperar a la gente que quiera sumarse”, contó Verónica. Y aclaró: “Cuando llega el invierno se nos complica porque no tenemos lugar. Tratamos usar las horas de sol. los sábados y domingos a la tarde. Dependemos mucho del tiempo, el frío y el agua”.

En ese sentido, Ledesma destacó el valor de sostener estos espacios abiertos como forma de difusión y encuentro cultural: “Es muy importante hacer visible la cultura que tenemos en la ciudad. Hay un montón de lugares que están enseñando lo que es el tango y hay milongas, muchas milongas dando vuelta. Y es tan lindo cuando las personas pasan por la plaza y nos ven bailar, hasta te aplauden”.

En este caso, el espacio no realiza muestra de fin de año, ya que “se trata más de un encuentro de amigos, de personas que saben que el miércoles van a la pista y van a estar bailando, divirtiéndose, charlando”.

«La Milonga del Ovni»: diversidad y ritual compartido

«La Milonga del Ovni» convoca a los rosarinos a bailar los viernes y domingos a la noche. El espacio nació en Año Nuevo de 2025, aunque tiene un recorrido previo vinculado a otros nombres como “Milonga Arcoíris” o “Espacio por la diversidad” .

Coordinado por Santiago Achilli junto a Diana Marelli y el DJ Juan Manuel Ingallinella, el espacio combina clase de tango y milonga en una misma jornada: todos los viernes y domingos, a las 21, también en la pista Victoria Colosio.

Durante el verano, la actividad se sostiene al aire libre, mientras que en invierno se trasladan a espacios cerrados. “Cuando empieza el frío conseguimos bares y centros culturales que nos permiten seguir funcionando”, explicó Achilli. Entre ellos, el Centro Cultural Gallo Rojo (Santa Fe 948), donde continúan con los encuentros.

El acceso es abierto y la modalidad es a la gorra. En ese sentido, no hay un precio fijo, aunque se sugiere un aporte. “Sugerimos 5 mil pesos, pero si no tienen pueden colaborar cuando puedan”, señaló Achilli.

Desde el inicio de cada encuentro, la milonga propone un ritual propio que simboliza el ovni, el círculo. “Hacemos una ronda y abrazamos la pista circular, caminamos abrazados hasta cerrarnos en el centro y hacer un gran abrazo fraternal, y después nos sacamos a bailar en pareja”, describió su organizador.

En paralelo, los docentes también participan del circuito profesional: cada agosto compiten en el Campeonato Mundial de Tango de Escenario, representando a la ciudad de Rosario. Sin embargo, el foco del espacio sigue estando en lo cotidiano: abrir el tango, hacerlo accesible y construir un lugar donde bailar sea, ante todo, una forma de encontrarse.

“Nos encanta que las personas se animen a bailar y generar comunidad. Somos como una familia”, destacó Achilli. “Es importante que existan bailes en espacios públicos, accesibles a todos porque esa una manera de apropiarnos de nuestros espacios y mantener vivo y en constante transformación al tango”, sostuvo Santiago. En esa línea, también buscan acercar el género a un público más joven utilizando música contemporánea de tango, para que vean al ritmo de una manera más cercana.

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K-pop en el Fontanarrosa: prácticas libres y baile urbano

En el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, el baile también encuentra su lugar, aunque a un ritmo distinto. Allí, la comunidad K-pop ocupa la planta baja del espacio para realizar una dinámica abierta y autogestionada.

Según explicó el programador Federico Galuppo, el fenómeno surgió de manera espontánea: grupos de jóvenes ya utilizaban la explanada del edificio por su ubicación y sus ventanales, que funcionaban como espejos improvisados.

A partir de eso, se decidió integrarlos al espacio: «Lo que se hizo fue invitarlas a ingresar al Cultural, darles una espacialidad más apropiada, con espejos, conectividad y lugar de guardado de cosas”.

En ese sentido, la propuesta mantiene esa lógica abierta. “Por lo general no son clases sino entrenamientos y prácticas libres”, detalló Galuppo. Las actividades se desarrollan en la planta baja del edificio, durante el horario habitual en que el centro cultural está abierto, y funcionan durante todo el año.

“También empezamos a coproducir eventos y encuentros”, agregó Galuppo. Ese proceso tiene uno de sus momentos más visibles hacia fin de año. “Siempre se hace un evento grande”, indicó, en referencia a una instancia donde los grupos muestran el trabajo realizado durante meses de práctica.

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