El ministro de Obras Públicas dejó su banca en la Cámara alta, pero las críticas del peronismo y el malestar de sectores oficialistas mantienen la tensión en el gobierno santafesino.
La renuncia del ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, a su banca en el Senado provincial no logró desactivar el conflicto interno en el frente Unidos. El pedido de informes impulsado por el senador Felipe Michlig —compañero de espacio político— expuso una disputa que trasciende lo territorial y que, según admiten desde la oposición, podría profundizarse.
En la última sesión, la senadora Leticia Di Gregorio, reemplazante de Enrico, anunció la decisión del ministro, quien hasta entonces se encontraba con licencia otorgada por el propio Michlig. El peronismo, con solo cinco bancas, aprovechó la instancia para cuestionar la gestión de Enrico. El senador Rubén Pirola (PJ-Las Colonias) afirmó: “No podemos decir que somos tratados todos iguales. Hay una discriminación en el trato, no en la asignación de obras, pero sí en el conocimiento de las actividades en nuestros departamentos”.
Enrico, por su parte, se defendió señalando que su mirada es provincial y destacó entregas de viviendas en localidades gobernadas por el peronismo, como General Lagos y Reconquista. Sin embargo, Pirola consideró que “la renuncia llega tarde y no viene a subsanar nada”, y recordó que las quejas de Michlig sobre la discrecionalidad en el reparto de obras coinciden con las del bloque justicialista.
La interna también se refleja en posturas políticas divergentes: mientras Michlig dejó abierta la posibilidad de sumar a La Libertad Avanza a Unidos, Enrico se ha mostrado fuertemente crítico con los mileístas. La dinámica de la Cámara alta podría modificarse sin la presencia del ministro, aunque el gobernador Maximiliano Pullaro intenta cerrar la grieta para evitar mayores fisuras en el frente gobernante.
