Una especialista analiza las herramientas que tienen las víctimas para prevenir la escalada de violencia fatal. En la provincia, tres episodios recientes reflejan un patrón de violencia machista extrema.
El 16 de abril, la joven Sophia Civarelli fue asesinada por su novio en Rosario. A las 48 horas, un hombre atacó a su expareja en Murphy; ella sobrevivió, él se suicidó. Días antes, la científica santafesina Silvina Drago recibió ocho balazos en su casa, también por su concubino, que luego se quitó la vida. Estos hechos, ocurridos en pocos días en la provincia, siguen un mismo patrón de violencia machista extrema hacia parejas o exparejas.
La doctora en Psicología Marta Fernández Boccardo advierte que “la violencia simbólica de género construye una dominación y asimetría en la relación”. Señala que “los femicidios son la punta del iceberg” y que el fenómeno es complejo, con factores económicos, sociales y familiares. Destaca que “estos vínculos violentos se dan incluso en noviazgos jóvenes, donde se suponía que había avances”.
La especialista indica que el primer indicio es el control y los celos. “El celoso disminuye la autoestima de la mujer, la separa de amigas y familia”. Recomienda buscar protección en el círculo cercano, nunca estar sola al hacer una denuncia y estar atenta a todas las formas de violencia: económica, epistémica, vicaria. “Cuidarse entre mujeres es la mejor receta”, concluye.
