Un informe de la Usina de Datos de la UNR revela que, pese al aumento del empleo, la calidad de los puestos se deteriora: crece la informalidad, los jóvenes no consiguen trabajo y los adultos mayores vuelven por necesidad.
El último informe de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) analiza la evolución del mercado laboral en el Aglomerado Gran Rosario entre 2019 y 2025, y concluye que la popular frase «El trabajo es salud» no se sostiene en la realidad actual. Aunque hubo una expansión significativa de la participación laboral y del empleo, eso no se tradujo en bienestar social.
El estudio señala que el mercado laboral rosarino muestra una creciente fragilidad. A diferencia de crisis anteriores, el problema no es solo la falta de puestos, sino la insuficiencia de los mismos. El indicador que suma desocupados, subocupados y quienes buscan otro trabajo alcanzó el 36,9% en 2025, una cifra récord. Unas 265.000 personas en el Gran Rosario presionan el mercado laboral porque su ocupación actual no les alcanza o no existe.
Aunque la tasa de empleo subió al 49,1%, esta mejora se explica por inserciones precarias y no por empleos de calidad. El informe describe un trastocamiento etario: los jóvenes quedan excluidos y los adultos mayores se ven obligados a volver a trabajar. Entre los menores de 29 años, la desocupación alcanza el 15,3%, más del doble que el promedio general. Además, a nivel nacional, casi 6 de cada 10 jóvenes trabajan en la informalidad.
En contraste, la participación de personas de 65 años o más creció un 28% en los últimos dos años. No vuelven por elección, sino por necesidad: sus ingresos previsionales no cubren el costo de vida. La informalidad también avanza: el 38,2% de los ocupados en el Gran Rosario trabaja «en negro», el nivel más alto de la serie, salvo un pico excepcional en 2022. Muchos rosarinos «inventan su trabajo» y los trabajadores independientes pasaron del 21,7% al 27,1% en solo dos años.
Otro dato relevante es que tener un empleo formal y estable ya no garantiza llegar a fin de mes. Un punto de inflexión fue el cimbronazo de 2024, al inicio de la gestión nacional de Javier Milei. Entre fines de 2023 y principios de 2024, el poder de compra del salario formal cayó por debajo de la Canasta Básica Total (CBT). Aunque en 2025 hubo un leve repunte, a enero de 2026 un sueldo promedio formal solo cubre 1,3 canastas básicas, lo que obliga a los hogares a sumar más miembros al mercado laboral o a trabajar horas extra para sostenerse. Es una sobreocupación obligada que reduce el tiempo libre y solo permite la subsistencia.
