En la Copa de la Liga 2023, Macagno recibió 15 goles en 14 partidos, mientras que Hoyos había recibido 10 en la misma cantidad de encuentros en el torneo anterior. El arco rojinegro sigue sin brindar seguridades.
Con el inicio del ciclo que conduce Mauricio Larriera, parecía que empezaban a quedar atrás algunos de los problemas del proceso anterior. Uno de los menos explicables estaba en el arco, donde Gabriel Heinze mostró una postura firme y recurrente, que tenía como bandera y con la cinta de capitán a Lucas Hoyos.
En esta temporada, ya con el uruguayo como DT, la elección de Ramiro Macagno como titular en el elenco rojinegro parecía limpiar el arranque en esta Copa de la Liga, pero al término del primer semestre competitivo, desde lo numérico, no se advierten grandes diferencias entre las producciones de estos dos guardametas. Ninguno consiguió transformarse en garantía bajo los tres palos.
En la Copa de la Liga que acaba de terminar, a Macagno le marcaron 15 goles en 14 encuentros, mientras que a Hoyos, en la Copa de la Liga anterior, le anotaron 10 tantos en la misma cantidad de cotejos. Esos números llaman la atención en el universo leproso.
Este Newell’s actual necesitaba enterrar los ecos de incomodidad que quedaron con Hoyos. En su regreso al club, este arquero volvió a exhibir las dudas que expuso en su aparición. Solo por el apoyo del DT anterior, que no estaba respaldado en buenas performances, se mantenía entre los once de comienzo. El juego de ese equipo nacía desde el fondo con muchos titubeos y el arquero contagiaba inseguridades, con sus atajadas y con sus salidas con el pie, por eso siempre fue fuertemente cuestionado por el hincha leproso.
En ese marco de críticas, Heinze designó como capitán a este guardameta y el hincha lo tomó como una burla, ya que ni siquiera lo reconoce como referente. A pesar de los malos registros, Hoyos se quedó en el club porque le compraron el pase y tenía relación contractual. En este semestre, solo jugó en un encuentro, en el triunfo 2-0 ante Midland, por Copa Argentina.
Ante este escenario previo, el retorno de Ramiro Macagno luego de un destacado paso por Platense, donde fue una de las figuras de ese conjunto que terminó como subcampeón de la anterior Copa de la Liga atajando penales fundamentales, generó muchas expectativas. Parecía que venía a calmar un foco de inquietudes que tenía a maltraer a los simpatizantes rojinegros, pero esa esperada vuelta fue derivando en un estado de falta de certezas, de síntomas similares, que expuso que la actual versión de Newell’s, ya moldeada bajo los lineamientos de Larriera, tampoco tuviera avales suficientes en el arco.
Con estilos de juego muy distintos, con atavíos mucho más conservadores, Macagno tampoco consiguió convertirse en sensación de resguardo total. Sus rendimientos en este semestre fueron de mayor a menor. Tuvo una presentación más que destacable ante Central Córdoba en Santiago del Estero, donde tuvo una tapada magistral en la expiración misma de ese duelo que le permitió al conjunto rojinegro arrancar este certamen con un triunfo muy valioso. Esa intervención clave parecía un gran guiño de complicidad en su regreso a Newell’s, y parecía conformar el eslabón de confianza que él mismo necesitaba para hacerse dueño de los tres palos leprosos.
Esas tapadas dejaron de salir a escena y el aporte de Macagno, si bien estuvo lejos de ser un tormento, fue cada vez menos determinante. Fue dejando de vestirse de héroe de ocasión y en esta competencia nunca pudo volver a ser el salvador de este Newell’s. Con el correr de las fechas, esas producciones grises fueron ubicando a Macagno en un rol cada vez menos decisivo. Tampoco conseguía tomar valor y sacar a su equipo de los problemas, sobre todo cuando era exigido por rivales de mayor talla en los partidos que fueron decidiendo la suerte de Newell’s en este semestre.
Esa falencia se evidenció también en el clásico frente a Central en el Coloso, donde pareció que pudo hacer mucho más y estar mejor ubicado en el gol de Malcorra. Ese golpe le quitó bríos y lo acompañó en el resto de su recorrido en el semestre. De a poco, solo se fue envolviendo en un cartel de arquero sin capacidades especiales. Este Newell’s de Larriera, sin un guardameta ganapartidos, fue perdiendo un recurso que suelen exponer los grandes equipos, al menos los que se animan a pelear por cosas importantes. Claramente los rojinegros no lo fueron.
Tanto Hoyos en la Copa de la Liga anterior como Macagno en esta edición no lograron ser la garantía que el equipo necesita.
