Referentes del sector comercial de Rosario advierten sobre la persistente caída en las ventas, atribuida a la pérdida de poder adquisitivo y cambios en los hábitos de consumo.
El consumo en los comercios de cercanía y supermercados de Rosario continúa mostrando una marcada contracción, según el análisis de referentes del sector. Desde el Centro de Unión Almaceneros y la Cámara de Supermercadistas de Rosario señalaron que la situación se mantiene en un nivel crítico, con ventas que no logran recuperarse.
Juan Milito, referente del Centro Unión de Almaceneros, indicó que los hábitos de consumo se han modificado hacia una modalidad de «vivir al día», como consecuencia de la constante pérdida del poder adquisitivo. «Estamos muy complicados y sin posibilidad de ver una salida a corto plazo», afirmó, al tiempo que reiteró que el consumo se encuentra en caída tanto en los locales de proximidad como en las grandes cadenas.
Milito detalló que la venta de artículos como enlatados o embutidos «decae mes a mes» y que algunos productos se venden a la mitad de lo que se comercializaba hace cuatro años. También mencionó que es frecuente que, a partir de la segunda quincena del mes, los clientes restringen sus compras al no alcanzarles el sueldo.
Por su parte, Sergio Casinerio, de la Cámara de Supermercados de Rosario, coincidió en que el consumo se mantiene en una meseta. Explicó que los incrementos salariales obtenidos en las paritarias no logran compensar el alza en los precios de alimentos, bebidas, productos de limpieza y otros servicios esenciales, lo que reduce el dinero disponible de las familias.
Casinerio observó que los consumidores han aprendido a modificar sus hábitos: realizan compras más frecuentes y de menor volumen, priorizan marcas promocionales o segundas marcas, y han sustituido productos como la carne vacuna por opciones más económicas como la aviar, la porcina, pastas y harinas. También confirmó una reducción en el consumo de productos enlatados, bebidas alcohólicas y gaseosas.
Ambos referentes coincidieron en que el uso de la tarjeta de crédito para extender el poder de compra y el incremento de las compras «fiadas» son prácticas cada vez más comunes, reflejando la tensión financiera tanto de los clientes como de los propios comerciantes. La situación, según describieron, ha llevado al cierre de algunos negocios y coloca a otros en una situación límite.
