A 140 años de los sucesos de Chicago, una publicación colectiva recorre cómo se vivió esta fecha en distintas regiones del país, incluyendo Rosario, destacando las disputas por su significado y su conexión con las realidades locales.
A 140 años de la huelga que culminó con la ejecución de los trabajadores conocidos como los Mártires de Chicago, se presenta el libro colectivo «El 1° de Mayo en la Argentina. Una visión federal a 140 años de los Mártires de Chicago», coordinado por Diego Ceruso y Carlos Álvarez. La obra reúne seis investigaciones que recorren Rosario, la Patagonia, el Norte azucarero, Mendoza, Buenos Aires y Córdoba, argumentando que la conmemoración no fue un ritual estático, sino un catalizador de identidades locales profundamente conectadas con sus contextos regionales.
El libro parte de la base de que el 1° de Mayo es la única fecha laica de alcance mundial conmemorada en la mayoría de los países, excepto en Estados Unidos, donde se originó. Desde la primera conmemoración en Argentina en 1890, la fecha ha atravesado 140 años de historia, con sentidos y representaciones disputados por diversos sectores.
El historiador Carlos Álvarez reconstruye los primeros años de la efeméride en Rosario, una de las pocas ciudades del mundo que respondió al llamado internacional en 1890. Su análisis detalla cómo la fecha funcionó como catalizador para la clase trabajadora local, pasando de una convocatoria inicialmente socialista a una hegemonía anarquista que redefinió el espacio público, en tensión entre la «celebración encuadrada» que buscaban las autoridades y el «acto luctuoso y combativo» de los libertarios.
Otros capítulos trasladan la mirada a la Patagonia, analizando cómo el 1° de Mayo sirvió como símbolo de unidad en un territorio poroso y dominado por el capital privado; al Norte azucarero, donde el anarquismo utilizó la fecha como plataforma de denuncia ligada a la industria azucarera y las comunidades indígenas; y a Mendoza, con un estudio sobre la transformación de los rituales obreros y el creciente protagonismo de las mujeres a partir de 1936.
La obra ofrece así una mirada descentralizada que enriquece la comprensión de la historia del movimiento obrero en Argentina, destacando las particularidades regionales y las disputas por el sentido de una de sus fechas más emblemáticas.
