Hernán Boveri y Delfina «Fini» Lanusse, procesados por administración fraudulenta de anestésicos, rechazaron las acusaciones en sus declaraciones judiciales. La investigación se vincula a la muerte de un colega y a presuntos eventos clandestinos.
El anestesista Hernán Boveri y la residente Delfina «Fini» Lanusse negaron haber sustraído fármacos anestésicos, como propofol y fentanilo, del Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires. Ambos fueron procesados por el delito de «administración fraudulenta» en el marco de la investigación denominada «Propofest», que indaga presuntos eventos clandestinos con uso recreativo de estas sustancias.
El juez Javier Sánchez Sarmiento, a cargo del Juzgado N°47, dispuso el procesamiento de ambos, les prohibió salir del país y ordenó un embargo sobre sus bienes por 70 millones de pesos para Boveri y 30 millones para Lanusse. El magistrado consideró que Boveri, por desempeñarse en la planta permanente de la institución, tendría un mayor grado de responsabilidad.
En sus declaraciones, ambos rechazaron las acusaciones. «Nunca robé nada, soy intachable», expresó Lanusse, de 29 años, en un escrito presentado ante el juez. La residente atribuyó las versiones que la vinculan al caso a los dichos de una ex colega, con la que ya no tiene relación. «Me ensució una examiga que está mal psiquiátricamente; supe de los hechos en mi domicilio en el momento en que la Policía realizó un allanamiento», agregó. Se cree que se referiría a una testigo identificada como «Mechi S.», otra residente que junto a dos compañeros alertó a sus superiores.
Lanusse señaló que en el allanamiento a su domicilio «no se encontró nada que compruebe mi intervención en los hechos» y calificó la imputación como «injusta». Además, mencionó que se encuentra en tratamiento psicológico y que tiene la intención de continuar ejerciendo la medicina, «aun cuando esto implique hacerlo en otra institución». Según se conoció, tanto ella como Boveri fueron inhabilitados para ejercer en la Ciudad de Buenos Aires.
Por su parte, Hernán Boveri amplió su declaración. Inicialmente había reconocido que «en tres o cuatro oportunidades» había drogado a Lanusse, pero siempre con su consentimiento, y la responsabilizó a ella por la sustracción de medicamentos. Ahora explicó que las jeringas halladas en su departamento eran de uso veterinario para su perro, que padecía cáncer. Reconoció mantener un vínculo afectivo con Lanusse, al tiempo que tenía una relación estable con otra mujer del mismo centro de salud.
El médico negó nuevamente el hurto de sustancias, argumentando que los medicamentos encontrados en su casa estaban «vencidos» y que no tenía el equipamiento para administrarlos. Hizo un repaso de su trayectoria profesional, mencionó que disponía de muestras para capacitaciones y pidió que se cite a declarar a colegas del Hospital Italiano. Además, entregó voluntariamente la clave de su celular incautado, cuyas pericias no habrían arrojado datos relevantes para la causa.
La investigación contra Boveri y Lanusse se desprende de la causa que indaga la muerte de Alejandro Zalazar, un anestesista de 31 años hallado sin vida en su departamento el pasado 20 de febrero. La víctima, que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, presentaba signos de administración de anestésicos. El caso, a cargo interinamente del juez Santiago Bignone (Juzgado Nº 60), expuso una trama vinculada al presunto robo y consumo de drogas intrahospitalarias en eventos clandestinos denominados «propofest», donde se realizaban «viajes controlados» con estas sustancias. Los estudios determinaron que la causa del fallecimiento de Zalazar fue una sobredosis de propofol y fentanilo.
