El Gigante entre el festejo y el repudio: muñecas inflables y un folclore que cruza el límite

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.El minuto 22 del encuentro entre Rosario Central y Banfield no pasó inadvertido. Mientras el equipo de Arroyito celebraba aún las esquirlas del reciente 2-0 ante Newell’s, una lluvia de muñecas inflables vestidas con la camiseta rojinegra cayó desde las tribunas al campo de juego. El partido se detuvo, hubo risas en algunos sectores y complicidad en otros, pero la imagen disparó una reacción inmediata y contundente en las redes sociales: un repudio generalizado liderado por mujeres que exigen terminar con la violencia simbólica en el deporte.

El límite de la «pica»

Lo que para un sector de la hinchada es parte del ingenio popular y el «folclore» del fútbol rosarino, para especialistas y activistas es una manifestación clara de la cultura de la violación. El uso de un objeto que representa un cuerpo femenino para simbolizar la derrota o la humillación del rival no es una metáfora deportiva inocente; es la traslación de una lógica de dominación sexual al ámbito del césped.

«¿Todo es válido dentro del folklore del fútbol? Racismo, homofobia, xenofobia, cultura de la violación…», expresaba una de las tantas usuarias que inundaron los posteos oficiales del club y de medios locales exigiendo una sanción ejemplar. El reclamo apunta no solo al ingreso de los objetos, sino a la naturalización de un lenguaje que cosifica y violenta a las mujeres.

Silencios que aturden

Uno de los puntos más críticos señalados en las últimas horas es la falta de pronunciamiento por parte de los varones del ambiente futbolístico. Mientras las mujeres denuncian que estas prácticas refuerzan mensajes peligrosos para quienes sufren violencia de género a diario, el silencio de dirigentes, jugadores y gran parte del periodismo deportivo masculino es leído como una validación implícita.

¿Habrá sanciones?

Desde lo estrictamente reglamentario, Rosario Central se enfrenta a posibles multas económicas por parte de la AFA debido a la interrupción del juego y el ingreso de elementos prohibidos. Sin embargo, el Ministerio de Seguridad de Santa Fe y la propia Secretaría de Género del club se encuentran bajo la lupa: la sociedad civil reclama que la sanción no sea solo monetaria, sino que incluya una condena ética y pedagógica.

El debate está abierto. En una ciudad donde el fútbol se vive con una intensidad única, el episodio de hoy obliga a preguntarse si el precio del festejo debe ser, necesariamente, la reproducción de violencias que la sociedad ya no está dispuesta a tolerar.

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