Campanella trae su nueva obra a Rosario: «No cuidar a nuestra cultura es una locura»

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Juan José Campanella atraviesa uno de esos momentos en los que los proyectos parecen multiplicarse. Mientras dirige en Nueva York un episodio de la serie «La Ley y el Orden», acaba de estrenar la versión cinematográfica de «Parque Lezama», y avanza con la adaptación animada de «Mafalda». En medio de esa intensa agenda, el director argentino también pone en marcha la gira nacional de su obra teatral “Empieza con D, siete letras”, que tendrá a Rosario como primera parada del recorrido.

La comedia, protagonizada por Eduardo Blanco y Victoria Almeida, se presentará el viernes 15 de mayo a las 20.30, el sábado 16 a las 21.30 y el domingo 17 a las 19 en el Teatro Astengo. Las entradas pueden adquirirse en la boletería del teatro o a través de la plataforma Ticketek.

La obra ya se consolidó como uno de los grandes éxitos del teatro argentino. Luego de permanecer más de un año en cartel en la calle Corrientes y superar las 300 funciones ininterrumpidas, el espectáculo se posicionó entre los diez más vistos del circuito teatral porteño. Desde su estreno en enero de 2025 convocó a más de 100.000 espectadores, con seis funciones semanales, y llegó a ubicarse en el quinto puesto de recaudación anual según el ranking de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET). En 2026, además, fue declarada de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

En “Empieza con D, siete letras”, la historia transcurre en un escenario tan cotidiano como inesperado: la sala de espera de un consultorio dental. Allí se cruzan Miranda Delgado, una profesora de yoga carismática y verborrágica, y Luis Cavalli, un médico retirado que intenta adaptarse a una nueva etapa de su vida. Entre ironías, confesiones y momentos profundamente humanos, la relación entre ambos se transforma en una montaña rusa emocional donde el humor y el amor conviven en equilibrio. El elenco lo completan Gastón Cocchiarale y Maru Zapata.

Los proyectos que más me gustan son aquellos que te pasean por todas las emociones. El gol de media cancha es cuando el espectador está riendo y llorando al mismo tiempo”, resumió el director sobre el espíritu de la obra en diálogo con este medio.

La entrevista ocurre, justamente, en medio de esa agenda cargada. “Hoy cuelgo con vos y empiezo a hacer scouting de locaciones para el último capítulo que dirijo esta temporada”, contó durante una llamada desde Nueva York. Entre jornadas de rodaje de «La Ley y el Orden», Campanella se tomó un recreo para conversar con La Capital sobre el fenómeno de la obra, la decisión de iniciar la gira en Rosario, sus proyectos actuales y los desafíos que atraviesa hoy la industria audiovisual argentina.

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“Empieza con D, siete letras”: el éxito inesperado de una historia íntima

“Se trata de una historia muy común. A veces el arte o las historias nos ayudan a ver nuestra propia vida desde otro ángulo o a mirarla desde afuera. Mucha gente se vio reflejada en esto de las segundas oportunidades, de las segundas parejas, especialmente cuando, como en el caso de los dos personajes, vienen de relaciones tan profundas. Uno es viudo de un matrimonio de 40 años y la otra es una separada de un matrimonio de 10 años. Los dos están con la sensibilidad a flor de piel”, detalló el director sobre la obra que está a punto de llegar a la ciudad.

Ahora bien, Campanella confesó que el éxito de “Empieza con D, siete letras” tomó por sorpresa incluso a su propio equipo. Después del fenómeno teatral de «Parque Lezama», el director sabía que no sería sencillo volver a lograr una conexión tan fuerte con el público.

“Fue una cosa que la verdad nos sorprendió”, contó. “Con Eduardo veníamos de Parque Lezama y decíamos: va a ser difícil encontrar una historia que conecte así emocionalmente. Y desde las primeras semanas era la misma reacción: aplausos de pie, aplausos a telón abierto”.

La gira nacional comenzará justamente en Rosario, una ciudad con la que el director ya siente una afinidad especial. De hecho, fue allí donde se presentaron por primera vez con «Parque Lezama» fuera de Buenos Aires. “Y mirá dónde fuimos a parar”, dijo entre risas, a pocos días de haber estrenado la película basada en la obra teatral que estuvo once años en cartelera.

“Rosario es como un talismán”, aseguró. “Creo que junto con Córdoba son ciudades muy hermanadas con Buenos Aires en el humor y en la hedonia. A mí es una ciudad que me encanta. Queremos empezar la gira con todo, así que por eso elegimos Rosario”, confesó Campanella.

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Entre la escritura compartida y la química en escena

Ahora bien, según contó el director, “Empieza con D, siete letras” comenzó a gestarse hace varios años a partir de una idea de Cecilia Monti, su esposa desde hace más de 20 años. “Yo siempre escribo en colaboración porque me gusta rebotar ideas. En este caso es una historia originada por ella, que trabajó durante bastante tiempo. Al principio yo hacía de lector y opinador, pero después empezamos a trabajarla juntos”, explicó. El proceso creativo fue largo: “Estuvimos casi cinco años desde que empezó el proyecto hasta que terminamos la obra”.

Para Campanella, el elenco también fue fundamental para que la historia encontrara su tono. En ese sentido, la elección de los protagonistas no fue aleatoria: ambos son figurita repetida en las producciones del director.

Con Eduardo Blanco, por ejemplo, la relación se remonta a comienzos de los años 80, cuando ambos trabajaban en proyectos filmados en «Super 8». Con el paso del tiempo volvieron a coincidir en distintos trabajos, entre ellos el éxito teatral «Parque Lezama». En tanto, con Victoria Almeida ya es la tercera vez que trabaja. Antes compartieron proyectos como la serie «El hombre de tu vida» y la comedia teatral «Qué hacemos con Walter».

“Siempre me han dicho que tanto Ricardo Darín como Eduardo Blanco son actores fetiche. Y ‘fetiche’ suena como amuleto, como si los eligiera por cábala”, comentó entre risas. Sin embargo, rápidamente aclaró: “No es por cábala. A mí me gusta contar historias con mucho humor, pero manteniendo siempre el sentido de la verdad, sin caer en lo farsesco. Esa sensibilidad es muy difícil de dirigir: el actor la tiene o no la tiene”.

Por eso valora especialmente a intérpretes capaces de moverse con naturalidad entre la comedia y el drama. “Es como el baile de Fred Astaire. Si el actor tiene ese talento, puede hacerte reír mucho y al mismo tiempo sorprenderte con algo más profundo. Cuando lo tienen, como Eduardo y Victoria, es un premio”, detalló.

La obra se sostiene justamente en el vínculo entre esos dos personajes y en la evolución de ese encuentro inesperado. Pero incluso con actores experimentados hay un factor que sigue siendo imposible de prever, lo que el director define como “una lotería”: la química entre ambos.

“No lo ves hasta que los ves en escena, o en una película hasta que los ves en pantalla”, dijo el director. En ese sentido, recordó: “Me ha pasado trabajar con parejas que no se hablaban, y también con gente que era pareja en la vida real. Y la química no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas. Puede ser una pareja que se ame y que en el escenario no pase nada, o pueden ser dos personas que casi no se hablan y cuando ves la obra terminada decís: esta gente se ama desde toda la vida”.

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Entre Mafalda, Netflix y los desafíos de la industria cultural argentina

Mientras la obra inicia su gira por el país, Juan José Campanella atraviesa uno de esos momentos en los que los proyectos se superponen. Actualmente se encuentra en Nueva York dirigiendo un episodio de la serie «La Ley y el Orden». “Me siento muy cómodo. Es un equipo bárbaro, con mucho humor. Parecería mentira porque la serie trata temas muy intensos, pero el clima de trabajo es muy amable”, contó sobre su experiencia en la producción estadounidense.

Al mismo tiempo avanza con otro desafío muy especial: la adaptación animada de Mafalda, el icónico personaje creado por Quino, que prepara para la plataforma Netflix. “Ahí hay muchas incógnitas sobre lo que va a ser la reacción del público”, admitió. “Pero estamos trabajando con muchísimo rigor. Además yo soy fanático de Mafalda de la primera hora y espero estar interpretándola bien”, agregó. De hecho, apenas terminada la entrevista, el director tenía previsto continuar con el proyecto en una reunión virtual de dos horas con el equipo de animación.

En paralelo, el pasado 6 de marzo también llegó a Netflix la versión cinematográfica de «Parque Lezama», protagonizada por Luis Brandoni y Eduardo Blanco. La producción se encuentra en el puesto numero dos de la plataforma desde su estreno, en ese sentido, Campanella celebró la recepción del público y explicó que la decisión de llevar la obra al cine surgió a partir de una revelación que tuvo durante una de las últimas funciones.

“Yo siempre la veía desde la última fila, como suele hacer el director, con ese plano general de la puesta. Cuando estábamos a pocas semanas de terminar, dije: ´bueno la quiero ver de cerca, como la ve el público´. Me fui a la fila 5 y descubrí ese primer plano, ahí empezó a trabajar mi cabeza de cine. Vi las miradas, lo que eran estos dos monstruos y dije:´bueno, el cine tiene mucho para aportarle a esto´«.

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Para Campanella, justamente ahí radica la esencia del lenguaje cinematográfico: “El gran aporte del cine no son los drones ni las grandes batallas, sino el primer plano”.

Con más de cuatro décadas de trayectoria en el cine, el teatro y la televisión, el director también observa con atención los cambios que atraviesa hoy la industria audiovisual, tanto a nivel global como en Argentina. “A nivel mundial estamos viviendo un cambio de las salas de cine hacia la televisión”, señaló. Para quienes dedicaron su vida al cine, admitió, ese proceso puede sentirse como una crisis. “Cuando voy a ver un estreno en Estados Unidos y en la sala somos cinco personas un domingo a la tarde, siento tristeza. Porque el gran problema no es la oferta, es la demanda”, apuntó.

Sin embargo, la situación adquiere una dimensión particular cuando se la piensa en el contexto argentino. “Yo tengo sesenta y seis años. Por lo menos durante todos esos años Argentina está en un momento económico de crisis y cada vez es peor. Pero lo que nos sigue manteniendo relevantes, respetados y admirados en el mundo es nuestra cultura: nuestra literatura, nuestro cine, nuestro teatro”, reflexionó. Y concluyó con una advertencia: “No cuidar eso es una locura. La industria cultural es irreemplazable, porque no se importa”.

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